Todos son pinochetistas: Kast, Matthei, Kaiser y el plan reaccionario de la burguesía

Mientras Chile atraviesa una profunda crisis social y política, los bloques del régimen intentan reconfigurarse para seguir administrando los negocios del gran capital, esta vez de la mano de los sectores políticos que tradicionalmente han defendido sus intereses. En este escenario de descomposición del régimen burgués, la derecha levanta tres candidaturas que compiten entre sí pero comparten un mismo proyecto estratégico: reinstalar el autoritarismo neoliberal y aplastar a la clase trabajadora. José Antonio Kast, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser representan, cada uno a su modo, la continuidad del pinochetismo y la ofensiva reaccionaria que la burguesía prepara para sostener su poder ante la creciente deslegitimación de sus instituciones.

Kast: el rostro reciclado del pinochetismo

José Antonio Kast es hoy el vocero principal de una derecha que ya no disimula. Su proyecto busca restaurar el viejo orden a punta de represión, nacionalismo y moralismo religioso. Es el emisario de una burguesía que ya no puede sostenerse con democracia siquiera formal. En su visión, no hay espacio para becas, derechos laborales ni disidencias sexuales. Solo hay lugar para el capital, el orden, la familia y la fuerza.

Pero Kast no es un outsider: es hijo de Michael Kast, oficial nazi que llegó a Chile ocultando su pasado criminal. Su familia convivió con represores en Paine y su hermano Christian participó en interrogatorios durante la dictadura. Kast no solo niega estos crímenes: los justifica, defiende a Miguel Krassnoff y desprecia abiertamente a los detenidos desaparecidos. Su negacionismo no es anecdótico: es el núcleo ideológico de un proyecto autoritario que pretende barrer con todo vestigio de organización popular.

Hoy, como articulador del bloque Republicano-Libertario-Socialcristiano, Kast busca disputar la hegemonía a Chile Vamos y controlar el aparato estatal. Su programa, detrás de la retórica de la “seguridad”, promete sangre, sudor y lágrimas para el pueblo trabajador.

Kaiser: la extrema derecha paleolibertaria al servicio de los empresarios

Johannes Kaiser intenta disputarle a Kast el electorado reaccionario desde la vereda paleolibertaria. Su discurso es una mezcla de odio racial, misoginia, libre mercado extremo y defensa explícita de la dictadura. Pide la expulsión masiva de migrantes, la eliminación de derechos laborales, el regreso de la pena de muerte y la liberación de torturadores como Krassnoff. Desde su canal “El Nacional-Libertario”, sembró durante años el veneno de la antipolítica y el negacionismo.

Su vínculo con la clase dominante no es menor. Viene de una familia empresarial con redes extendidas, y su hermano Axel es uno de los ideólogos neoliberales más influyentes de la región, con vínculos con la Atlas Network, think tank de la derecha global. Johannes no es un fenómeno aislado ni un payaso sin consecuencias: es una herramienta del capital para disciplinar, dividir y desorganizar a la clase obrera bajo discursos de odio y competencia.

Matthei: la heredera de Guzmán al servicio del gran empresariado

Evelyn Matthei se presenta como la versión “moderada” de la derecha, pero es tan pinochetista como los otros. Su historia política está atravesada por su defensa del legado de Jaime Guzmán, fundador de la UDI y cerebro civil de la dictadura. En su discurso presidencial afirmó querer “retomar el camino de orden y progreso que Guzmán emprendió hace más de cinco décadas”, sin siquiera mencionar las violaciones a los derechos humanos que marcaron ese período.

Sus propuestas siguen la misma lógica de siempre: seguridad para los ricos, austeridad para los pobres. Reducción del gasto público, criminalización de la protesta, fortalecimiento de las policías, y una retórica que pretende cooptar parte del voto femenino mientras apoya los mismos intereses que reproducen la desigualdad y la violencia de género. Aunque intente diferenciarse de Kast y Kaiser, Matthei es parte del mismo bloque empresarial, represivo y antipopular.

No hay diferencias estratégicas entre ellos: todos son pinochetistas

Entre Kast, Matthei y Kaiser no hay diferencias de clase, solo disputas de estilo y ritmo. Los tres representan, bajo distintos ropajes, la voluntad de la burguesía de reorganizar su dominación sobre el pueblo. Ya sea con Biblia, con represión o con libre mercado, buscan mantener el mismo orden del chile de los 30 años.

Mientras tanto, el régimen en su conjunto se descompone. Sus instituciones pierden legitimidad, sus partidos tradicionales se fragmentan, el aparato estatal se corrompe, y las clases dominantes responden con más autoritarismo, más represión y más polarización. En este contexto, la derecha chilena se rearma, no porque tenga la iniciativa propia, sino porque el progresismo y la izquierda institucional le han abierto el camino.

Boric y el progresismo: cómplices del avance reaccionario

El gobierno de Gabriel Boric, con su política de conciliación, ha sido uno de los principales responsables de este escenario. Al abandonar las demandas del estallido y subordinarse a los intereses empresariales, ha desarmado al movimiento popular y legitimado las propuestas de la derecha. La militarización del Wallmapu, la Ley Naín-Retamal, la criminalización de la migración y la subordinación al capital han sido políticas compartidas por el oficialismo y la oposición.

Y ahora, frente al ascenso de Kast, vuelven a agitar el fantasma del “mal menor”, llamando a cerrar filas tras Matthei. Nos dicen que hay que elegir entre “democracia o fascismo”, pero lo que proponen es una democracia burguesa blindada con represión y pobreza. No hay alternativa en este carrusel de farsantes.

La salida es obrera y socialista

Todos son pinochetistas. Todos representan, a su manera, los intereses del gran capital y del orden heredado de la dictadura. La única forma de enfrentar este avance reaccionario es levantar una alternativa propia de la clase trabajadora, con un programa revolucionario, socialista y anticapitalista.

No hay que caer en la trampa del “mal menor”, No vamos a elegir entre tres pinochetistas o la continuidad del gobierno de Boric; ni confiar en los verdugos maquillados de democracia. La única forma para derrotar a la derecha es organizarnos para construir un gobierno de los trabajadores.

 

27/07/25