Que la CUT y todo el movimiento obrero la rechace y convoque a un paro general de advertencia
La llamada Mesa de Reactivación Laboral fue constituida el 8 de mayo de 2026 por el ministro del Trabajo y Previsión Social, Tomás Rau, en medio de una situación de desempleo persistente y deterioro del mercado laboral. Según el propio informe final, la mesa recibió el encargo de elaborar propuestas para incentivar la creación de empleo formal, con énfasis en empleo femenino y reducción de la informalidad. El verso de que esta “reforma laboral” es para disminuir el trabajo en negro y blanquear, es eso: un verso. El gobierno Kast se copia de lo que hizo hace unos meses Milei en la Argentina. Desde que se impuso allí la aprobación de esta reforma laboral antiobrera, lo que disminuyo es el trabajo en blanco, lo que aumento es el trabajo precarizado y en negro. Su informe final está fechado el 26 de junio de 2026 y fue entregado públicamente al Gobierno el 30 de junio de 2026, con un total de 22 propuestas.
Ese fue su supuesto propósito: “reactivar” el empleo, apoyar a quienes buscan trabajo y promover mayor formalidad laboral. Pero detrás de ese lenguaje amable se esconde una mentira política. No se combate la cesantía precarizando a quienes ya trabajan. No se defiende el empleo femenino extendiendo jornadas que hacen imposible sostener la vida familiar y las tareas de cuidado. No se fortalece el trabajo formal debilitando indemnizaciones, facilitando despidos y entregando a las empresas más poder sobre el tiempo de vida de la clase trabajadora.
La Mesa se presentó como una instancia técnica, transversal y orientada a resolver los problemas del empleo. Pero sus propuestas muestran otra cosa: una ofensiva patronal envuelta en lenguaje técnico. Bajo las palabras “adaptabilidad”, “dinamismo laboral” y “creación de empleo”, lo que aparece es un paquete de contrarreformas destinado a descargar la crisis sobre las espaldas de las y los trabajadores.
Entre las medidas más graves se encuentra la posibilidad de extender el período de cálculo de la jornada laboral desde las actuales cuatro semanas hasta quince o incluso cincuenta y dos semanas. Dicho en simple: mantener en el papel la jornada de 40 horas, pero permitir que las empresas concentren la explotación en períodos de alta demanda, imponiendo semanas de hasta 52 horas para después prometer compensaciones futuras. Pero este no es un ataque aislado: forma parte de un verdadero paquete patronal que busca reemplazar la indemnización por años de servicio, facilitar y abaratar los despidos mediante nuevas causales, ampliar la causal de necesidades de la empresa, introducir la “falta de adecuación del trabajador” como fórmula ambigua para desvincular, imponer polifuncionalidad para que un trabajador haga el trabajo de varios, reducir jornadas y salarios en períodos de crisis usando el Seguro de Cesantía del propio trabajador, extender la flexibilización a sectores especiales y abrir paso a formas aún más precarias de contratación por hora. Bajo el nombre mentiroso de “reactivación laboral”, lo que se prepara es una contrarreforma contra la población trabajadora: trabajar más cuando la empresa lo necesita, cobrar menos horas extra, ser despedido con mayor facilidad y financiar con nuestros propios fondos las crisis de los patrones.
Esta es la trampa del promedio. No se aumenta, en el papel, la jornada anual. Pero en la vida real de millones de trabajadores y trabajadoras, se abre la puerta a semanas extenuantes, jornadas interminables, menos tiempo para la familia, para el descanso, para el cuidado, para estudiar, para organizarse y para vivir.
No podemos confiar en el Congreso para defender nuestros derechos laborales
Sería un grave error confiar en que el Congreso, las comisiones parlamentarias o los acuerdos entre partidos no van a proteger los derechos laborales de la población trabajadora. La experiencia de las últimas décadas muestran que cada vez que los derechos de las y los trabajadores quedan entregados a las negociaciones institucionales, terminan siendo recortados, postergados, vaciados de contenido o convertidos en moneda de cambio.
El Parlamento no es un terreno neutral. Es una institución del mismo régimen que ha administrado por décadas el trabajo precario, los bajos salarios, el subcontrato, las AFP, el endeudamiento y la represión contra quienes se organizan. Allí, en nombre del “realismo”, la “responsabilidad fiscal” o la “necesidad de acuerdos”, se terminan cocinando reformas que favorecen al empresariado y desarman a la clase trabajadora.
No hay que esperar que se empiece a discutir el proyecto en el Congreso. No se puede enfrentar una ofensiva patronal confiando en las instituciones que justamente la preparan, la legitiman o la terminan aprobando. La defensa de nuestros derechos laborales no vendrá de los pasillos del Congreso ni de las mesas técnicas convocadas desde arriba. Vendrá de la acción directa, organizada y consciente de las y los trabajadores.
El silencio de la CUT es ensordecedor
Mientras se prepara uno de los ataques más graves contra los derechos laborales de los últimos años, el silencio de la CUT es ensordecedor. La central que debería estar convocando asambleas, articulando sindicatos, emplazando al gobierno y preparando un plan de lucha nacional, aparece paralizada, ausente o reducida a una política de espera.
La comparación es brutal: mientras las fanáticas de BTS, las ARMY, fueron capaces de convocarse, salir a la calle, llegar hasta La Moneda y movilizarse en distintas ciudades del país para exigir una solución ante la negativa del IND a autorizar el uso del Estadio Nacional para los conciertos del grupo, la principal central sindical del país no aparece encabezando una respuesta proporcional frente a una amenaza directa contra millones de trabajadoras y trabajadores.
Dicho sin rodeos: hoy las ARMY parecen más combativas defendiendo a BTS que la CUT defendiendo la jornada laboral, la indemnización por años de servicio y el derecho de las y los trabajadores a no ser exprimidos por el empresariado.
Y esto no es una anécdota. Es una señal política. Si Kast se copia de Milei, la dirección de la CUT: ¿se quiere copiar de la traición de la dirección peronista de la CGT argentina que dejo pasar esta reforma sin organizar la resistencia en contra de los combativos trabajadores argentinos? Es necesario que se convoquen de inmediato plenarios de delegados y representantes de los trabajadores para rechazar esta reforma laboral antiobrera y negrera. La lucha y victoria por nuestras conquistras no se hizo esperando invitaciones a mesas de diálogo; la escribieron las y los trabajadores con huelgas, coordinaciones, asambleas y lucha directa.
Asambleas que voten pronunciamientos para que se convoque y organice un paro general de advertencia: ¡Que se retire el proyecto negrero de Kast!
Confiemos en la acción directa de las y los trabajadores, en las asambleas de base, en la coordinación sindical combativa, en la unidad con estudiantes, mujeres, pobladores y todos los sectores golpeados por la precarización.
La llamada Mesa de Reactivación no viene a proteger el empleo. Viene a precarizarlo.
Frente a esta ofensiva, solo la organización independiente y la acción directa de la clase trabajadora pueden ponerle freno.
Ante esta ofensiva, la respuesta debe ser clara:
No a las 52 horas.
No a la eliminación de la indemnización por años de servicio.
No a nuevas causales de despido.
No al uso del Seguro de Cesantía para financiar crisis empresariales.
No confiamos en el Congreso para defender nuestros derechos.
Por asambleas de base, coordinación sindical y acción directa de las y los trabajadores.
PARO NACIONAL DE ADVERTENCIA PARA QUE SE RETIRE EL PROYECTO QUE PROFUNDIZA LA FLEXIBILIZACION LABORAL
22/07/26