La detención en Bolivia de Fernando Cerimedo abrió una crisis que amenaza con golpear a distintos gobiernos y sectores de la derecha latinoamericana.
Cerimedo se encuentra en prisión preventiva mientras la Justicia boliviana investiga el atentado sufrido por su expareja, Nadia Beller, quien lo acusó de ser el autor intelectual del ataque. Será la investigación judicial la que determine su responsabilidad. Sin embargo, el caso ya puso en evidencia algo más amplio: las redes políticas, empresariales y comunicacionales construidas por uno de los principales operadores digitales de la ultraderecha continental.
Durante los allanamientos realizados tras su detención se encontraron dispositivos vinculados a una presunta granja de bots, utilizada para amplificar contenidos en redes sociales. El hallazgo volvió a poner sobre la mesa el papel que han jugado estas estructuras en campañas políticas de distintos países.
El arquitecto digital de una red continental
Fundador de La Derecha Diario y ligado a la consultora Numen, Cerimedo se convirtió en uno de los principales operadores digitales de la nueva derecha latinoamericana, utilizando redes sociales, cuentas coordinadas y campañas comunicacionales para amplificar contenidos e intervenir en la discusión pública. Su trayectoria atraviesa distintos países de la región: estuvo vinculado al entorno comunicacional de Jair Bolsonaro en Brasil y a la difusión de contenidos que cuestionaron los resultados electorales tras su derrota; integró la estrategia digital que acompañó el ascenso de Javier Milei en Argentina; y en Bolivia, el propio presidente Rodrigo Paz reconoció que asesoró su campaña presidencial y colaboró durante los primeros meses de gobierno. Sus vínculos con dirigentes, consultoras y medios de distintos países muestran que no se trata de experiencias aisladas, sino de una red internacional de operadores asociados a la derecha radical.
El caso chileno
Chile tampoco quedó al margen.
Cerimedo apareció vinculado a las campañas del Rechazo durante los procesos constitucionales y a sectores empresariales que impulsaron esas iniciativas.
Posteriormente surgieron antecedentes sobre relaciones entre personas de su entorno y figuras que hoy ocupan posiciones relevantes dentro del gobierno de José Antonio Kast.
El Presidente ha negado haber trabajado con Cerimedo. Sin embargo, dirigentes ligados al espacio político de Javier Milei han sostenido públicamente que el operador argentino participó también en campañas de la derecha chilena.
Más allá de las responsabilidades individuales, el problema de fondo es otro: la existencia de una red política y comunicacional que actuó durante años en campañas electorales, procesos constitucionales y operaciones digitales de gran alcance.
Por eso no resulta casual que la Cámara de Diputadas y Diputados haya aprobado una comisión investigadora para esclarecer eventuales vínculos entre Cerimedo, sectores del oficialismo y el uso de bots en campañas políticas desarrolladas desde 2020.
Una maquinaria al servicio de los poderosos
La ultraderecha se presenta como defensora de la libertad y la democracia. Pero detrás de ese discurso opera una maquinaria financiada por empresarios, consultoras, medios digitales y operadores políticos que buscan moldear la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación.
El caso Cerimedo muestra cómo estas estructuras funcionan a escala internacional y cómo los mismos operadores aparecen una y otra vez junto a gobiernos y movimientos reaccionarios de distintos países.
La democracia burguesa se presenta como el gobierno de la voluntad popular, pero permite que grupos económicos y políticos utilicen enormes recursos para intervenir permanentemente en la conciencia de millones de personas.
Por eso el problema no es solamente Cerimedo. El problema es la red que lo financia, lo protege y utiliza sus servicios.
La estafa de la democracia burguesa
La ultraderecha se presenta como defensora de la libertad y la democracia. Pero ¿libertad para quién?
Mientras los trabajadores enfrentan salarios que no alcanzan, precarización, recortes y pérdida de derechos, los grandes empresarios mantienen la libertad de hacer negocios, concentrar riquezas y decidir sobre el rumbo de la sociedad.
Esa es la estafa de la democracia burguesa: se nos dice que todos somos iguales porque todos podemos votar, pero las decisiones fundamentales siguen estando condicionadas por quienes concentran la riqueza y el poder.
Cerimedo muestra una parte de esa maquinaria. Mientras a los trabajadores se les pide que confíen en las instituciones, los sectores dominantes cuentan con consultoras, medios, redes sociales y millones para intervenir sobre la opinión pública y defender sus intereses.
La verdadera libertad no puede ser la libertad de unos pocos para explotar, ajustar y gobernar contra las mayorías.
La salida pasa por construir una alternativa propia de los trabajadores: un gobierno de los trabajadores que ponga la riqueza y los recursos de la sociedad al servicio de las necesidades de quienes la producen, y no de las ganancias de unos pocos.
Frente a la ultraderecha y a los gobiernos ajustadores de la región, la tarea es organizar a la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares para conquistar ese gobierno y terminar con un régimen al servicio de los intereses de los capitalistas.
10/09/26