Dos años de guerra en Ucrania

En el marco de un empantanamiento general y una guerra de trincheras desgastante, uno de los datos relevantes es que Moscú estaría sacando una ventaja que de todos modos no es suficiente para provocar un vuelco decisivo de las hostilidades. Las tropas rusas han logrado reconquistar la ciudad de Avdiivka, que es el logro militar más importante del Kremlin desde la toma de Bajmut en mayo. El alto mando occidental ha debido reconsiderar la capacidad militar del régimen de Putin. Rusia fabricó 4 millones de proyectiles de artillería y varios centenares de tanques durante el año pasado, a una velocidad que muchos occidentales habían considerado imposible. Este año reclutará otros 400.000 hombres sin recurrir a una movilización masiva, según prevén las autoridades ucranianas.

Por otro lado, las sanciones económicas no han logrado hacer la mella que se esperaba. Rusia ha logrado sortear las represalias y condicionamientos a través de un intercambio comercial con China e India. Y hay un consenso en Occidente de que no hay demasiadas balas más en el ámbito económico a las que se pueda apelar.

La contracara es el fracaso de la contraofensiva ucraniana y la caída de las expectativas que abrigaban un giro favorable de la guerra a favor de Kiev. Desde el verano de 2023, Ucrania se enfrenta con unas tropas rusas a la ofensiva, escasez de hombres, armas y municiones.

Esto ha ido de la mano con un desinfle de la adhesión a la causa ucraniana tanto en el plano internacional como interno. Las potencias occidentales han empezado a retacear su apoyo, en primer lugar el propio Estados Unidos, donde sigue trabado el envío de una nueva partida de 60.000 millones de dólares. En las actuales condiciones, el suspenso en la continuación de la ayuda estadounidense podría precipitar un derrumbe. El instituto de investigación alemán Kiel Institute afirmó que la Unión Europea deberá “al menos duplicar su ayuda militar” a Ucrania para compensar la inacción de Estados Unidos. “Es altamente incierto que Estados Unidos envíe ayuda militar adicional en 2024″, indicó el instituto, que recopila informaciones sobre la ayuda militar, financiera y humanitaria prometida y entregada a Ucrania desde la invasión rusa de 2022. Es muy dudoso, sin embargo, que Europa esté en condiciones de cubrir ese vacío, atravesada por choques y contradicciones internas y con sus propias economías entre las cuerdas.

Fracaso militar y salidas en danza

Este panorama está dejando sus huellas en Ucrania. El triunfalismo inicial ha ido cediendo su lugar a un malestar ascendente a medida que la guerra y sus penurias se prolongan en el tiempo. El gobierno de Zelensky tiene cada vez más dificultades en reclutar tropas y lo que impera es la deserción, en especial en la juventud. La conflagración está también extenuando a Ucrania en el frente económico. La deuda pública se habrá duplicado para fin de este año con respecto a la invasión, según datos del FMI.

No nos debe sorprender que esto haya desencadenado una severa crisis política, como lo revela la decisión del presidente ucraniano de reemplazar al comandante en jefe de las fuerzas armadas, Valeri Zaluzhny, quien no sólo cuenta con un predicamento entre los militares y en la propia población sino un fuerte reconocimiento en políticos opositores de corte nacionalista. El jefe del ejército destituido se perfilaba como el principal rival de Zelensky en las elecciones presidenciales que estaban previstas próximamente. Un síntoma de que la crisis está lejos de haberse cerrado es la decisión de Zelensky de suspender los comicios. No hay que olvidar que este cuadro se ve amplificado por los escándalos de corrupción dentro de las fuerzas armadas, donde se descubrieron casos de sobornos a cambio de no cumplir con el servicio; también se conoció en enero la compra ficticia de armas por hasta 40 millones de dólares.

Pero más allá del desgaste que provoca la guerra, lo que está en juego detrás del relevo de Zaluzhny es un replanteo de la estrategia política y militar en el conflicto. El jefe destituido estaría en la misma sintonía que el jefe del ejército estadounidense, Mark Milley, para quien no es viable una derrota de Rusia. Lo cierto es que en los círculos imperialistas está levantando cabeza la idea de bucear un acuerdo haciendo concesiones territoriales, cediendo las regiones del este ucraniano ocupadas por Rusia, y el establecimiento de algún tipo de salvaguardas a Moscú en cuanto a la presencia de la Otan en Ucrania a cambio del ingreso de Ucrania a la Unión Europea. Recordemos que este era el planteo que sostuviera el extinto Henry Kissinger y que recibió en su momento un rechazo mayoritario de las potencias occidentales. En esta línea, se ubican también la propuesta delineada por China quien ofreció sus buenos oficios como mediador y que fue desechada por la Otan.

De todos modos, es muy poco probable que este acuerdo cuente con el visto bueno de Moscú quien, a partir de los avances militares estaría más inclinado en endurecer sus exigencias. Pero además, porque especula con una vuelta de Trump, quien estaría más predispuesto a un arreglo. Por lo pronto, la respuesta inmediata de Putin ha sido una intensificación de sus bombardeos sobre Kiev y en todo el territorio ucraniano. Se espera que Rusia lance una intensa serie de ataques contra las infraestructuras ucranianas con la esperanza de paralizar el suministro eléctrico y la calefacción invernal del país. Moscú intentó lo mismo el invierno pasado y fracasó. Pero los rusos tienen ahora muchos más drones y misiles, gracias a Irán, Corea del Norte y el aumento de la producción nacional. Las defensas aéreas ucranianas parecen debilitadas en algunos puntos y podrían verse superadas.

Desmoronamiento del orden imperialista mundial

Hasta el propio futuro de la Otan se ha puesto en duda ante la perspectiva de un triunfo de Trump a la Casa Blanca. Hace unas semanas, Trump dijo que “animaría” a Rusia a atacar a cualquier miembro de la Otan que no alcanzara el objetivo de gasto en defensa de la alianza de 2% del PBI.

Lo que está como telón de fondo es la propia crisis política de Estados Unidos y el desmoronamiento del orden mundial. La división política y la agitación interna socavan el liderazgo estadounidense en el exterior. Financial Times (5/12/23) se interroga sobre la capacidad de lidiar con tantos frentes de tormenta internacionales al mismo tiempo “¿Cuántos conflictos internacionales puede manejar una superpotencia al mismo tiempo? Actualmente, la administración Biden está intentando lidiar con guerras en Medio Oriente y Europa, mientras se prepara para un aumento de las tensiones entre China y Taiwán”. A lo que se agrega, según el diario inglés, la creciente sombra de Donald Trump. Su posible regreso a la Casa Blanca plantea profundos interrogantes sobre el futuro de la democracia estadounidense y el papel del país en el mundo”.

Esto viene horadando la figura de Joe Biden, que encima carga con el cuestionamiento sobre su lucidez mental para postularse para un segundo mandato. La administración demócrata está pagando un alto precio político, dentro y fuera de su país, por su apoyo a Israel. Ahora Estados Unidos está presionando públicamente a Israel para que cambie sus tácticas militares en Gaza. Pero la preocupación de EE.UU. va mucho más allá de Gaza. Existe la amenaza de una guerra en Medio Oriente más amplia que arrastraría a EE.UU.

Existe un cauto optimismo en que la respuesta inicial de Beijing luego del triunfo de Lai Ching-te en Taiwán, a quien el gobierno chino considera un peligroso separatista, se concentrará en la presión económica y política. Pero, en el transcurso del año, China podría llevar una respuesta a nuevos niveles, sobre todo si EE.UU. parece debilitado por los acontecimientos en Ucrania y el Medio Oriente.

Guerra y objetivos estratégicos

Cualesquiera sean las vicisitudes, las elecciones estadounidenses contribuirán poderosamente a la debilidad y declive de EE.UU. Trazado este panorama de conjunto, la mesa de negociaciones es una perspectiva por ahora que no está a la vista. Por lo tanto, va a continuar el baño de sangre y, en un marco tan explosivo, el riesgo de una extensión de la guerra es una amenaza latente. Incluso si se llegara a acuerdo, eso no augura una paz duradera. Eso ya ocurrió con los acuerdos de Minsk, que fueron la antesala de nuevas hostilidades. El imperialismo no ha renunciado a su propósito estratégico de colonizar el ex espacio soviético y eso incluye a la propia Rusia. El objetivo es apuntar a un cambio del régimen político de Rusia o un eventual desmembramiento como en el pasado se consumó en Yugoslavia. Los países europeos de la Otan han aumentado su gasto en defensa en torno a un tercio en la última década, y algunos de ellos de forma significativa desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022. El rearme está en función de este objetico estratégico, aunque las potencias europeas no se privan de presentarlo al revés, a saber, como un recurso defensivo frente a la amenaza rusa.

Los funcionarios de defensa occidentales han lanzado en las últimas semanas un número sin precedentes de advertencias públicas sobre la posibilidad de un conflicto más amplio en Europa con una Rusia más confiada y rearmada. El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, dijo hace dos semanas que Rusia podría poner a prueba la cláusula de defensa mutua de la Otan “en un plazo de tres a cinco años”. Esta declaración sigue a las advertencias similares realizadas por funcionarios de Suecia, Reino Unido, Rumania, Alemania y altos cargos de la propia Otan desde principios de año.

Los funcionarios dijeron que una de las razones de las advertencias funestas era preparar a las sociedades para el peligro potencial y garantizar que la infraestructura civil estuviera preparada para las posibles consecuencias. Un centro de mando de la alianza con sede en la ciudad de Ulm, al sur de Alemania, está elaborando planes sobre cómo se desplegarían las fuerzas militares de la Otan por Europa y cómo se sostendrían y reforzarían en caso de conflicto, según informaron fuentes oficiales.

Esta histeria antirrusa, sin embargo, tiene poco asidero hasta el punto que otros funcionarios de la alianza militar salieron a pinchar el globo que se estaba creando, planteado que Rusia no tiene ningún interés en entrar en guerra con la Otan, partiendo del artículo 5 de esta alianza militar que establece que un ataque a un miembro representa un ataque a todos los países de la organización.

Reforcemos la movilización internacional

Llegando al segundo aniversario, está claro y más visible que nunca la atrocidad que representa para los pueblos la guerra de Ucrania, que tiene a Zelensky, como peón de la Otan, y a Putin, como responsables. Se trata de una guerra reaccionaria. Pasada la euforia inicial está a la vista que no hay ningún interés popular en juego sino el interés de rapiña de sus promotores.  A la atrocidad ucraniana ahora se suma el genocidio palestino. Ambos conflictos tienen un hilo conductor pues son eslabones de una misma escalada destinada a defender el orden imperialista mundial.

No se puede disociar una cosa de la otra como ha terminado haciendo gran parte de la izquierda mundial que condena al imperialismo y a la Otan (y al sionismo) en Palestina pero se ha alineado con ambos en la guerra de Ucrania. Este lineamiento es lo que explica la pobre movilización que ha tenido lugar en Europa y mundialmente contra la guerra de Ucrania. La reacción internacional contra la masacre al pueblo palestino ha hecho que resoplen nuevos vientos y dio un envión para que se reactive una movilización internacional contra la guerra. En este contexto, es necesario valorar la jornada internacionalista que tendrá lugar este 24 de febrero, segundo aniversario de la guerra de Ucrania en la que habrá movilizaciones en todo el mundo en rechazo de la guerra imperialista y de los gobiernos que la generaron y la promueven. Guerra a la guerra. El enemigo está dentro de nuestras propias fronteras. Abajo los gobiernos capitalistas y el Estado genocida de Israel. Todo el apoyo al pueblo palestino. Por la unidad internacional de los trabajadores. Por gobiernos de trabajadores y el socialismo.

En el caso de Argentina, la movilización que se hará ese día frente a la Cancillería será una oportunidad también para denunciar el alineamiento del gobierno de Milei con el imperialismo, la Otan y el sionismo y su respaldo al baño de sangre en Ucrania y el genocidio del pueblo palestino.

Nota original de Prensa Obrera: https://prensaobrera.com/internacionales/dos-anos-de-guerra-en-ucrania