[Editorial] Alberto Fernández, bajo fuego cruzado

Nota publicada originalmente en Prensa Obrera.

  • Néstor Pitrola

Si las rebeliones de Ecuador y, más aún, la de Chile, habían puesto la cuestión de la intervención de las masas en la agenda de la región, la resistencia obrera y campesina al golpe en Bolivia terminó de armar un escenario de polarización entre las tendencias de las masas y las salidas de la derecha, cada vez más ligadas a la represión y a la bolsonarización. Antes de asumir el gobierno, Alberto Fernández sufre el fuego cruzado de esa creciente polarización en América Latina entre las rebeliones populares y la derecha y el imperialismo. El balotaje uruguayo agrega nafta a ese escenario. Del otro lado se incorpora el paro general colombiano, que se presenta sin precedentes, contra los paramilitares, el paquetazo de Iván Duque y el FMI.


Argentina, siendo la nación con la crisis capitalista más aguda en torno de la deuda, la recesión, la inflación y la desorganización económica de conjunto, se ha transformado en un campo minado para un gobierno que todavía no asumió. Las presiones del imperialismo en el marco de un default que avanza a generalizarse, como lo demuestra la caída de los bonos a precios basura (riesgo país en 2500 puntos), están haciendo mella en el presidente electo: en los últimos días ha cedido a la presión de Donald Trump para no abandonar el Grupo de Lima porque “sería una afrenta a Washington, cuando hace falta renegociar la deuda con el FMI” (El Cronista, 14/11). La descomunal caída de los bonos de deuda estaría reflejando, justamente, que el FMI se impondría en su política de una importante quita a la deuda privada para continuar sus desembolsos, sin los cuales Argentina entra en un default unilateral fuera de toda negociación.


Este compromiso habría sido asumido por Fernández en su reunión secreta en México con Eliot Abraham, el hombre que capitaneó la frustrada operación en las fronteras venezolanas desde Colombia para quebrar el ejército de Nicolás Maduro y consolidar a Juan Guaidó.


La desteñida reunión del Grupo de Puebla, realizada en Buenos Aires, es nada más que un foro de ex gobernantes, al lado del Grupo de Lima, que es el campo de operaciones para la intervención yanqui y del imperialismo en su conjunto en Venezuela. Claro que el golpe en Bolivia ha complicado este alineamiento “político” con Trump para garantizar el “acompañamiento” del FMI al nuevo gobierno.


Por otra parte, en la larga conversación mantenida con el presidente Emmanuel Macron el sábado 9, Fernández habría aceptado la “sugerencia” de “flexibilizar el cepo cambiario para permitir el giro de utilidades a las multinacionales” (La Nación, 17/11) como condición para reconsiderar la total huelga de inversiones que hoy rige en el país. A la presión para mantener la dolarización de los combustibles, condición sine qua non de las petroleras, que han paralizado centenares de pozos en Vaca Muerta, se agrega garantizar una de las vías fundamentales de la fuga de capitales, el giro a las casas matrices. Esto en un país exhausto en materia de reservas.


Un gabinete derechista


El gabinete, que parece tener decidido in pectore -como solía decir el entregador mayor del peronismo-, se trata de un equipo notablemente derechista. Los nombres confirmados son Guillermo Nielsen, hombre directo del capital financiero y en particular de los fondos de inversión que operan en YPF; tres massistas: Felipe Solá (canciller), Daniel Arroyo (Desarrollo Social) y el “mano dura” Diego Gorgal, autor del proyecto de baja de edad de imputabilidad que suena en Seguridad; Claudio Moroni en el Ministerio de Trabajo, abogado que fuera jefe de la Afip y acompañante del presidente electo en su gestión menemista como contralor de las AFJP, muy alejado de los sindicatos, con las manos suficientemente libres para gestionar la agenda de la reforma laboral “sector por sector”. Santiago Cafiero, quien sería el jefe de Gabinete, ganó la confianza de Fernández en la campaña por Florencio Randazzo, en la que ambos militaron contra Cristina Senadora. Agustín Rossi en Defensa, ya fue probado como ministro de César Milani. Y cerrando la grilla confirmada, Wado de Pedro, el camporista de más diálogo con el pejotismo tradicional sería el encargado de Interior, para enhebrar el “gobierno con los 24 gobernadores” que prometió AF, una cruda confesión del carácter que tendrá su gobierno, asentado en quienes fueron sostenes fundamentales de los cuatro años de la catástrofe macrista, vía pacto fiscal, robo a los jubilados, presupuestos de ajuste, pacto con los fondos buitre y siguen las tropelías.


Otros nombres en danza como Cecilia Todesca, Matías Kulfas o Mercedes Marcó del Pont no cambian el sentido de un gabinete que tendrá por eje el repago de la deuda, la agenda continental de la burguesía, la subordinación del movimiento obrero al Estado y el asistencialismo bancomundialista para amortiguar los efectos del nuevo “gradualismo” pejotista, ahora con aires nacionales y populares. Nicolás Trotta, un hombre de la universidad privada en Educación, y la puja de Juan Manzur para quedarse con un hombre de su confianza y las de los laboratorios en Salud, terminan de definir el contenido de clase del gabinete que se prepara.


El Mercosur en picada


La “pax cambiaria” del supercepo que acompaña la tensa transición en materia de contención social, ahora se ve amenazada por una fuerte devaluación del real en Brasil. El fracaso de la licitación petrolera de la plataforma presal del país hermano, donde sólo se presentaron capitales chinos, se agrega a los factores que han hecho desembarcar de lleno las guerras comerciales, las disputas geopolíticas y las devaluaciones en América Latina. El dólar “razonable” puede quedar como papel mojado en este cuadro. La devaluación agrava las disposiciones de ruptura del Mercosur adoptadas por Bolsonaro. 


El plan de incrementar las retenciones que tiene en carpeta Alberto Fernández y que empezó a descontar el capital agrario, creando este “veranito” de liquidación de cosechas. Aunque las patronales del campo bien pueden forzar más devaluación para licuar las retenciones. Pero los planes de financiamiento del repago de la deuda cualquiera sea el “modelo” de default, apuntan invariablemente a los jubilados.


De la eliminación de la movilidad basada en el costo de vida (en un 70%) y de la “disponibilidad” del Fondo de Garantía y Sustentabilidad, que ya ha sido bombardeado por las devaluaciones y la caída de los bonos soberanos, depende la perspectiva de achicamiento del déficit fiscal. El plan es acompañar la eliminación de la “nominalidad” inflacionaria de los salarios, con jubilaciones que sigan a los salarios, desde atrás, por supuesto.


Pacto social, mesa del hambre y aborto


Este es el escenario del pacto social para el que se tiene que preparar el movimiento obrero. Héctor Daer se ha transformado en el gran eje de subordinación del conjunto de los sindicatos, como arquitecto del pacto social. Su primera definición es criticar cualquier cifra como la del 35% de aumento que circuló y luego desechar un bono de fin de año, cosa que quedará “según las posibilidades de las empresas, afectadas por el parate económico”.


Al servicio de este pacto social reaccionario está la “mesa del hambre” a la que convocaron a los empresarios de la alimentación para armar el negocio de la “tarjeta alimentaria”. Para ese emprendimiento, Arroyo promete 40.000 millones de pesos en 2020 contra los 27.000 gastados este año, un monto que probablemente no alcance la inflación prevista, y menos en alimentos. En cualquier caso, más política bancomundialista para amortiguar los planes del FMI.


El “desgaste” que pretendió evitar la designación anticipada del gabinete y la definición de qué será exactamente el pacto social y la política económica, sin embargo, está en marcha. Las rebeliones de los obreros, los campesinos y los explotados de América Latina aceleran los tiempos y las contradicciones de la coalición conservadora pejotista que ganó las elecciones.


Las maniobras emprendidas en torno de la cuestión del aborto apuntan a disimular esas contradicciones con la bandera de la “ampliación de derechos”. Sin vacilaciones, tenemos que movilizar con todo por la aprobación de la ley que tuvo media sanción, para enfrentar toda maniobra de compromiso con el clero y el evangelismo. Y alertar a los trabajadores sobre el enorme lugar que Alberto Fernández da a las iglesias, que vienen siendo grandes animadoras del golpismo regional.


Un programa de los trabajadores ante la crisis


Ante la movilización de despedida que la derecha macrista prepara el 7 de diciembre para acompañar la agenda golpista en América Latina, la Plaza de Mayo de festejo que prepara el peronismo ante la asunción es para asegurar la desmovilización social ante la crisis capitalista, no para enfrentarla.


Junto a la acción de lucha movilizadora para derrotar el golpe en Bolivia y contribuir a la victoria de la rebelión chilena, tenemos que desenvolver un programa de los trabajadores ante la crisis: que se reabran todas las fábricas cerradas en los últimos dos años, que se repartan las horas de trabajo disponibles, que el salario sea elevado al valor de una canasta familiar y las jubilaciones en proporción, que se abran los libros de los formadores de precios al control obrero; no al pacto social; repudio de la deuda externa y ruptura con el FMI, nacionalización de la banca, el comercio exterior y los recursos estratégicos; ruptura de los acuerdos del Mercosur con Israel y la Unión Europea. Reclamemos y organicemos asambleas fabriles, sindicales y populares con estos objetivos. Llamamos al FIT-Unidad y al Plenario Sindical Combativo a poner en marcha iniciativas en pleno diciembre marcando este rumbo a toda la clase obrera.